Anaïs Anaïs Cacharel. Una fragancia descaradamente hermosa

La historia del legendario perfume de los años setenta está inextricablemente vinculada con la historia de la marca Cacharel. Ya que la fragancia Anaïs Anaïs es la propia esencia de Cacharel, encerrada en un frasco que contiene una mezcla líquida de la historia y la filosofía de la marca.

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Todo comenzó en el año 1962 en Nimes, al sur de Francia. Un ambicioso joven llamado Jean Bousquet abre un taller de costura de blusas para mujeres y le pone a su empresa el nombre Cacharel en honor de sus aves favoritas de la localización de Camarga, patos mandarines, famosos por su llamativo plumaje. Para la confección de las blusas, el diseñador decide emplear el crespón, una tela con la que hasta entonces se producían prendas de lencería y ropa interior. El crespón es una tela suave a piel, y las prendas de este material realzan la silueta. Así que Jean pensó que era un pecado no aprovechar esta tela y ocultarla bajo capas de ropa en una época de libertad que envolvía a todo el planeta.

Las blusas de crespón son de lo más rebelde: su corte sigue los patrones masculinos, algo que las hace aún más innovadoras. Naturalmente, estas camisas vinieron de perlas a las jóvenes de aquella época, que trataban de deshacerse de las cadenas impuestas por la sociedad. Unos años después de la apertura del taller de costura, más concretamente, en el año 1966, en la portada de la revista francesa ‘Elle’ aparecía la modelo Nicole de Lamargé vistiendo una blusa de Jean Bousquet. Poco después se dejaba ver Brigitte Bardot con una blusa de Cacharel atada a la cintura, por encima de los pantalones. Y así las fashionistas se apresuraron a comprar las camisas de crespón.

El modista francés promovía a través de la marca Cacharel el concepto de libertad que ha impregnado toda la gama de productos de la marca. Jean no temía contratar a jóvenes sin demasiada experiencia. Así es cómo su cuñada Corinne Sarrut acabó trabajando en su taller de costura, una hippie con vestido de abuela acortado por encima de las rodillas, jersey estirado y flores en los cabellos, con un toque de romanticismo, que acababa de terminar sus estudios de artes plásticas. Fue precisamente ella quien aconsejó al diseñador francés fijarse en los estampados con flores de tonalidad pastel creados por Arthur Liberty, que producía una tela similar para Proust, así como para la princesa de Inglaterra Isabel (más tarde apodada Isabel II) y su hermana menor, la infanta Margarita. En breve este tipo de estampado se convirtió en uno de los principales símbolos de Cacharel.

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En el año 1968 Corinne le presenta a Jean Bousquet a su amiga Sarah Moon, una joven, y aún desconocida en aquellos días, fotógrafa. Y así empieza una fructífera colaboración, enriquecida con la llegada del publicista Robert Delpire. Juntos acaban creando la imagen definitiva de la marca: el romántico universo de Cacharel basado en la libertad, inmortalizado por los memorables, seductores, fantásticos y poéticos looks.

En 1977 la marca Cacharel es reconocida como la mayor exportadora de moda francesa, debido a ello Jean Bousquet tiene la idea de conmemorar este hecho confinando el espíritu de la marca en un frasco, para así transmitir su filosofía a través de una fragancia. Y así, la primera fragancia de la marca ve la luz en 1978. El perfume Anaïs Anaïs para las señoritas. El nuevo, sensual y singular mundo olía a Anaïs Anaïs de Cacharel. Durante los primeros años de su existencia, Anaïs Anaïs es reconocido como un perfume revolucionario y rápidamente conquista toda Europa. Por doquier suena el eslogan publicitario: «Anaïs Anaïs es una oda a la ternura, a la sensibilidad, a la feminidad frágil y graciosa». Se trata de un perfume dirigido a las jóvenes volátiles, un poco despreocupadas; pero, sobre todo, representa el sentido del amor a la vida, el amor como estilo de vida, un amor que está por encima de todo.

Es como si Anaïs Anaïs nos invitara a embarcarnos en una aventura por un jardín de flores, que comienza con un paseo entre las flores de madreselva y gálbano, y nos conduce hacia un buqué de lirios, rosas y jazmines. El corazón de la fragancia se abre misteriosamente con notas de lirios blancos e ylang-ylang.

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En cuanto al nombre de la fragancia, existen varias versiones al respecto. Pero una de las más populares cuenta que el perfume heredó su nombre en honor a la escritora franco-americana, conocida por sus «descaradamente hermosas», eróticas y muy populares novelas de la mitad del siglo XX. El perfume ha resultado, al igual que las obras de Anaïs, seductor y al mismo tiempo inocente, sensual y delicado. Pero no vamos a entrar en detalles. La verdad es que la fragancia de frasco blanco y opaco no solo sigue siendo uno de los perfumes más vendidos de Europa, sino que se ha convertido en un auténtico símbolo del romanticismo, la delicadeza y la libertad, un fiel reflejo del espíritu de la marca Cacharel.