Antonio López García, el rostro del realismo español

Antonio López García es, sin lugar a dudas, un representante destacado del realismo español contemporáneo, además de ser el artista y escultor español vivo más cotizado del momento.

El realismo es la mimesis o imitación del arte de la realidad, cuyo objetivo principal es la transmisión exacta de la perspectiva espacial: los colores, las líneas y las formas.

En 2008, la obra del artista ‘Madrid desde Torres Blancas’ fue vendida por 1,8 millones de euros en la subasta líder mundial del segmento artístico: la casa Christie’s.

Antonio es autor de “un realismo estridente y agudo”. La característica más distintiva de la creatividad del autor es su visión procesal de los cuadros; y la vida cotidiana es el epicentro de sus creaciones. Las obras del maestro son un estudio de la realidad. Asimismo, él es el padre de la escuela madrileña del hiperrealismo.

Los críticos no dejan de repetir que Antonio es un artista lento. Sin embargo, su lentitud en la finalización de cada obra se justifica con el perfeccionismo del artista, el cual le dedicó al cuadro de la familia de Juan Carlos I dos décadas enteras, y en 2014 el trabajo finalmente vio la luz. Una vez Antonio incluso le pidió a la galería de Londres, la cual ya había vendido al coleccionista el conjunto escultórico llamado ‘Hombre y mujer’, que le devolviera la obra para retocar los brazos del hombre, porque aparentemente al artista le parecían demasiado largos.

Antonio López García nació en 1936 en la localidad de Tomelloso. El pintor tomó sus primeras lecciones de pintura de su tío, un pintor de paisajes local. En el año 1949, Antonio se mudó a Madrid para comenzar su formación en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Durante su formación en la academia, Antonio estudió las obras de los contemporáneos Picasso, Ernst y Magritte. Al principio el artista no se había unido a los movimientos del arte abstracto y el surrealismo, tan populares en aquel entonces, a los cuales, sin embargo, acabó sumándose más tarde. En el año 1955 Antonio escogió su propio camino y, tras finalizar sus estudios en la academia, se marchó junto a su compañero Francisco López Hernández a Italia, donde estudió el arte del Renacimiento. En las primeras obras del artista se puede apreciar un atisbo de la influencia del ‘quattrocento’ italiano, tal y como se observa en su cuadro ‘Josefina leyendo’ del año 1953. Después de regresar a la patria, el artista pasó un largo tiempo visitando el Museo del Prado de Madrid, interesándose por las obras de Velázquez.

La primera exposición del artista se celebró en el año 1957 en Madrid. Y desde entonces las obras de Antonio no dejan de llenarse de aire surrealista: sus creaciones reflejan a menudo paisajes cósmicos y otros panoramas fantásticos. Las figuras y siluetas de sus cuadros parecen estar flotando en el espacio, representando imágenes tomadas fuera de contexto, pero que interactuar luchando entre sí. Siguiendo esta misma línea, el artista pinta hasta el año 1964, y su obra puede relacionarse con la corriente del realismo mágico. Uno de los más característicos en este caso es el cuadro ‘Atocha’ del año 1964.

Del año 1964 al 1969, Antonio López trabaja como profesor encargado de la cátedra de preparatorio de colorido en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Y desde 1960, el artista comienza a pintar cuadros panorámicos de la capital española, así como retratos, representaciones de mujeres, edificios e interiores: estudios y baños. Y es que Antonio puede con todo: cuadros al óleo y dibujos a lápiz, así como esculturas de madera y metal.

El señor López García dibuja explorando y siguiendo los pasos de la naturaleza. En la concepción del mundo del autor ocupa un lugar importante la experiencia sensorial o, mejor dicho, la evidencia empírica sublime, en vez de la esencia del arte de bodegón o paisajismo, ya que de esta forma el artista puede dejar de pintar sin preocuparse por la perfección. Se trata de un gesto que no trata de ponderar la realidad, sino más bien mostrar la separación de lo que vemos y lo que existe realmente.

En el año 1986 Antonio expone por primera vez en la galería Marlborough de Nueva York. Ese mismo año le conceden el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y le siguen una serie de exposiciones y galardones por todo el mundo. En el año 1993, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedica al señor López una exposición retrospectiva de gran envergadura. En el año 1995, el artista representa a España en la Bienal de Venecia junto a Antonio Saura, Eduardo Arroyo y Andreu Alfaro. En 2004, Antonio se convierte en miembro honorario de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, y en 2006 es galardonado con el Premio Velázquez de Artes Plásticas.

En el año 1992, se estrena la película ‘El Sol del membrillo’ dirigida por Víctor Erice, cuya trama gira en torno a uno de los cuadros del maestro.

Las esculturas de este artista de ochenta años adornan la estación de Atocha de Madrid, convirtiéndose en todo un símbolo del arte contemporáneo de la capital española. Y el renombrado crítico de arte Robert Hughes, en su artículo ‘La verdad en detalles’, calificó a Antonio López García como el artista español vivo más influyente de la actualidad.