Creed, el perfumista de la realeza

Cuando hablamos de la dinastía perfumera de los Creed solo lo podemos hacer con veneración, ya que se trata de la única compañía de perfumes que se hereda de padre a hijo desde desde el momento de su creación en el año 1760. Creed: es un mundo de fragancias y de lujo confinado en frascos. Cada una de sus fragancias es una auténtica obra maestra del arte perfumero, tan perfecta, que hasta la realeza le da su tributo a Creed.

James Creed

James Creed

James Henry Creed fundó un pequeño taller en Londres y comenzó a suministrar ropa, guantes y exquisitos perfumes a la alta sociedad de Inglaterra. ¿Es posible que James haya tenido amparadores que ocupaban altos cargos en la corte? Solo podemos asegurar que Creed se ganó rápidamente el afecto entre los aristócratas británicos.

Y ya en el año 1781 James Creed creaba la primera fragancia de la firma para el rey Jorge III del Reino Unido, la cual se apodó Royal English Leather. Lo que quería el perfumista era que al apuntalar la barbilla con la enguantada mano, el rey sintiera el sutil aroma a cuero.

A pesar de ello, el estatus de proveedor oficial de la corte real fue concedido a Creed casi un siglo después, a mediados del siglo XIX, cuando de la dirección de la casa se encargaba Henry Creed, el nieto del fundador. De esta forma, en 1845, aparece la fragancia Fleurs de Bulgarie, creado por encargo de la reina Victoria.

Los representantes de la dinastía de los Creed afirman que fue la propia emperatriz Eugenia de Montijo quien sugirió a Henry trasladarse a Francia; a pesar de que no exista ningún documento oficial que lo corrobore. Se trataba de un momento en la historia en el cual la capital francesa era la Meca del mundo de la moda, y la corte de Napoleón III y la emperatriz Eugenia marcaban las tendencias de la elegancia, el lujo y la belleza; de modo que, el señor Creed no pudo resistirse y en el año 1854 se trasladó a París.

Y así, en los años consecutivos, Creed comienza a suministrar fragancias a las cortes reales de toda Europa, convirtiendo al emperador austriaco Francisco José, Isabel de Baviera, la reina de España María Cristina, la reina británica Victoria, la emperatriz Eugenia de Montijo y al emperador ruso Nicolás II en admiradores de la casa perfumera, que en 1870 además recibió varios premios por suministro ininterrumpido de fragancias a monarcas europeos. De esta forma Creed obtiene finalmente el estatus de “Perfumista de familias reales”.

En el año 1920, por petición de Winston Churchill, la casa perfumera crea la fragancia Tabarome Millesime, aunque el perfume no comienza a fabricarse para el gran público hasta el año 1999. La fragancia se convirtió en la encarnación de la grandeza de la antigüedad: los aromas originales de los puros cubanos, notas de buen coñac y café de primera.

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En los años treinta el rey Eduardo VIII, duque de Windsor, encarga el perfume Windsor, que aparece en el mercado tan solo en el año 2015, pasando a llamarse Royal Mayfair. Para su creación a los Creed les inspira el ambiente del castillo de Windsor y sus alrededores. Su composición cítrico-amaderada se abre con notas de lima y naranja, y paulatinamente y cada vez con más fuerza comienzan a sonar las melodías de rosa, la fría y resinosa ginebra y el follaje de pino.

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En el año 1956, por encargo del príncipe Raniero III de Mónaco y especialmente para el día de su boda con Grace Kelly, James Henry Creed crea Fleurissimo. Se trata de una fragancia apasionada, delicada y noblemente femenina, al igual que lo era la futura princesa de Mónaco. En esta apasionada composición floral predomina el sedoso, fresco y brumoso aroma a iris; y la dulce y cremosa tuberosa y la modesta y empolvada violeta le acompañan. La rosa y la bergamota suenan ligeramente menos, pero aún así le brindan la armonía general a la fragancia. Y la ternura, profundidad y durabilidad del perfume es mérito del noble ámbar gris.

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Algunas fuentes afirman que a lo largo de toda su historia la casa perfumera ha creado cerca de sesenta fragancias, otras, en cambio, que han sido cerca de doscientas. Lo único que podemos asegurar es que las fragancias de Creed siempre hallaron a sus admiradores entre la alta sociedad. Muchas de las leyendas de Hollywood fueron amantes de las creaciones perfumeras de Creed. Douglas Fairbanks, por ejemplo, prefería la fragancia Creed Citrus Bigarrade, Frank Sinatra era un gran admirador de Creed Bois du Portugal y Errol Flynn de Creed Bois de Сedrat. Algunas de las fragancias de Creed se creaban específicamente para los clientes más célebres: en el año 1965, por ejemplo, fue lanzada Creed Aubepine Acacia para Brigitte Bardot, y Creed Irisia fue creada en honor a Sophia Loren.

En 1970, Oliver Creed hace asequibles por primera vez en la historia de la casa sus fragancias para el gran público. Y desde entonces todo el mundo puede descubrir a qué huele la realeza o sentirse parte de la alta sociedad.