¿El origen de la sangría?

Nos hemos encontrado con Héctor Henche, uno de los mejores bármanes del país y director del grupo Fizz Bartenders & Beverage, para hablar de la popular bebida española.

Foto: Fizz Bartenders & Beverage

Aunque puede ser considerado un cóctel a base de vino, la verdad es que su origen es anterior a los cócteles y en España es toda una tradición. Asimismo, podemos encontrar en el ‘Diccionario del Castellano’ del Padre Esteban Torres, en 1778, que es una invención inglesa que se popularizó en las colonias británicas y francesas de Las Antillas durante el siglo XVIII. Dicen que el término proviene de ‘sangaree’ (sangre), nombrada así por su color. Al extenderse su consumo en la península su nombre varió hasta convertirlo en sangría.

Otro origen apunta directamente a nuestro país y que su origen se encuentra en las zonas frutícolas de la península. El calor del verano avinagraba el vino y la mejor solución era añadirle fruta para corregir la acidez.

Lo que sí se conoce a ciencia cierta es el origen de su gran popularidad: la década de los sesenta y la invasión de las suecas con la apertura del turismo exterior. Crearon un producto específico para atraer turistas en la época en la que Fraga Iribarne se bañaba en Torremolinos. Quizá esta invención turística retrasó la apertura del vino español al mundo a diferencia de países como Italia o Francia.

El problema es que su receta y su momento de consumo se han denostado. A menudo se sirve de cualquier forma, utilizando los culos de botellas y con productos de dudosa calidad en lugar de elaborarla con los mejores ingredientes, realzando la calidad del vino empleado y siempre servida en una cristalería acorde, como si de un buen vino se tratara, ya que al fin y al cabo debería ser un buen vino, pero preparado. La sangría es una bebida que crea un momento de comunidad porque alrededor de comer y beber hay algo mucho más importante: compartir.

Por ello, en 2014 la Unión Europea creó una denominación de origen para esta bebida como vía para recuperarla de su degradación y le dio uso exclusivo del término a aquella elaborada en España y Portugal y obliga al resto de productores a denominarla bebida aromatizada a base de vino.

Foto: Fizz Bartenders & Beverage

Para preparar la clásica sangría hay que coger fruta de temporada (en primavera melocotón, níspero, albaricoque…; en invierno manzana, pera, naranja…) y se macera con un buen tinto de crianza durante dos o tres horas. Después se filtra ese vino y se le añade fruta recién cortada, un toque de licor de naranja (Grand Marnier o Cointreau) y azúcar. Para darle un toque burbujeante se le añade gaseosa. Al servirla en la copa se deja caer el hielo y la fruta.

La sangría es una bebida que puede ser muy versátil porque no solo hablamos de vino blanco o tinto, sino de vinos tranquilos y también de espumosos y generosos, que a menudo son utilizados en la coctelería clásica. Además, la variedad de uva, el terroir o el envejecimiento pueden dar notas diferenciadas.

Foto: Fizz Bartenders & Beverage

En cuanto a la fruta se pueden variar con frutos rojos, piña, kiwi o mango, cambiar el azúcar por miel e incluso añadir jengibre y manzanilla.

Ahora bien, la noción de sangría es lo suficientemente dúctil como para dar cabida a otras adaptaciones, pero todos ellos deben tener una cosa en común: necesitan realzar la bebida alcohólica y despertar los sentidos.